martes, 12 de abril de 2016

Artículo acerca de la vida del Señor Li Jinyuan

PERIÓDICO EL MUNDO 

Su fortuna se estima en más de 5.000 millones y vive en una réplica de la Ciudad Prohibida

De nacer en la pobreza a ser multimillonario, cita con Li Jinyuan

      El hombre de negocios chino 
Li Jinyuan posando en una foto  AFP

Se hizo popular cuando viajó a Francia con sus 6.400 empleados, las vacaciones le costaron 13 millones

"Antes éramos pobres, no había diferencias y el índice de felicidad era mayor que el de ahora"

"Yo mismo era capataz, cocinero y obrero", recuerda.

El despacho del magnate, cuya fortuna se estima en más de 5.000 millones de euros -según la Lista Hurun, especializada en clasificar a los multimillonarios chinos- está adornada con una enorme pecera que acoge a un Pez Dragón, que es el símbolo de la buena suerte en la nación asiática.

Su residencia, edificada dentro del mismo complejo, pretende ser una réplica de la Ciudad Prohibida de Pekín, antigua sede de los emperadores.

La carrera de Li podría resumir el espíritu emprendedor que ha dictado el fulgurante desarrollo de China en las últimas décadas.

La juventud del multimillonario

"Nació en la pobreza pero eso le hizo resistente", asegura el mismo museo, en referencia a sus humildes orígenes en una aldea de la provincia de Hebei, donde nació en 1958.

"No quiero hablar de política, pero en esos años la gente pasaba hambre. En mi aldea no había agua potable, ni carreteras...", asevera, en un reflejo del tabú que constituye todavía referirse a los turbulentos años en los que el país estuvo dirigido por el maoísmo más férreo.

Li dejó la escuela cuando no era sino un adolescente y se embarcó en los negocios con tan sólo 16 años al percatarse de la diferencia que existía entre el coste de los productos que se fabricaban en el sur del país y el precio al que se vendían en el norte. 

Así consiguió sus primeros ingresos y con ellos desarrolló un pequeño entramado de empresas que le convirtieron ya en millonario en la década de los 80.

Sin embargo, el traslado a Tianjin en 1993 concluyó en un fracaso inicial absoluto. "Perdí 20 millones de yuanes (casi tres millones de euros). Toda mi fortuna. Tuve que pedir prestados otros siete millones, pero era mi última oportunidad. Fueron días muy difíciles. Llegué a pensar que ni Dios me podía salvar. Estaba desesperado", explica.

Camino al éxito

En un nuevo giro de la fortuna, sus nuevos suplementos nutricionales se convirtieron en un éxito de ventas y en base a ellos comenzó su expansión internacional, fundada siempre en las ventas directas, hasta cimentar el emporio que hoy dirige. Un holding presente en 190 países y entidades no estatales del mundo, y que se dedica a sectores tan variopintos como la nutrición, el cuidado de la salud, las posesiones inmobiliarias o la educación. 

El nombre de Li Jinyuan saltó a los titulares europeos en 2015 cuando el magnate se presentó en Francia en compañía de 6.400 de sus empleados, en unas vacaciones que le costaron más de 13 millones de euros y exigieron un despliegue ingente de logística.

"Los dividimos en 140 grupos y eso supuso reservar 84 aviones, 140 hoteles, decenas de trenes, etc", cuenta uno de los responsables del transporte de este conglomerado humano.

Una actividad que, por otra parte, constituye ya una tradición anual del empresario. Su particular sala de exhibición recuerda los periplos multitudinarios que protagonizó junto a sus empleados a ciudades como Yakarta (Indonesia), Berlín (Alemania), Kuala Lumpur (Malasia) o Bangkok (Tailandia), en eventos repletos de efectismo, boato y autocomplacencia.

Su próximo destino será España, adonde se trasladará este mes de mayo junto a cerca de 2.000 personas de su entramado empresarial. "La idea es reunirlos en Madrid y hacer una gran paella para todos", aclara uno de sus asesores.

Li Jinyuan se autodefine como un "filántropo" en un país donde este hábito se ve más como una veleidad que como una actitud meritoria.

Pese a ser el segundo estado con más millonarios del orbe -sólo por detrás de Estados Unidos-, China ocupa el puesto 144 de 145 naciones en términos de donaciones, según la clasificación anual que realiza la ONG británica Fundación de Organizaciones Benéficas.

Aunque esta práctica se ha incrementado desde los 10.000 millones de yuanes que contabilizó en 2004, a los 100.000 de 2014, lo cierto es que esa cantidad, unos 13.600 millones de euros, es tan sólo una ínfima fracción de los 313.256 millones de euros que sumaron las donaciones de EEUU.

Tan nimia que el dinero que cedieron los 100 filántropos más generosos de China representa menos que el que regalaron los tres más significados del país americano. "Es cierto. Es la consecuencia de unas condiciones de desarrollo que han sido muy diferentes en China. En Estados Unidos han disfrutado de más de 200 años de desarrollo, pero nosotros sólo los últimos 30 y, por eso, el sector de la caridad no está todavía maduro", asevera el potentado.

Presidente de la Fundación Internacional Caritativa Tiens y partícipe en donaciones a centros de huérfanos en todo el mundo o el envío de asistencia a regiones azotadas por desastres naturales, Li admite que la "juventud china otorga demasiado valor a la riqueza, al dinero. También es el resultado del crecimiento acelerado que ha registrado China. Antes todos éramos pobres, no había diferencias y le digo una cosa, el índice de felicidad era mayor que el de ahora. Poco a poco tenemos que seguir creando riqueza, pero también reforzar los valores de la sociedad".

El concepto de filantropía que defiende el empresario chino, se vincula con una evidente devoción por promocionar de forma mediática esos gestos y su propia imagen, algo que se pone de reflejo en la interminable colección de imágenes que recoge su museo y donde se le muestran realizando estas donaciones o acompañando a figuras públicas de todo el mundo. 

"La caridad no es un concepto moral sino una cuestión de agradecimiento. En China el desarrollo dependió mucho del apoyo del gobierno y de su política de apertura (la que promovió Deng Xiaoping a partir de 1978). Eso nos abrió la puerta a otros mercados. Sin esa política yo no tendría mi negocio, Tiens no existiría. Por eso, tengo que estar agradecido a mi país", afirma.

El acaudalado personaje se ha convertido también en un defensor público del medio ambiente, aunque reconoce que el crecimiento económico de China ha provocado un daño quizás irreparable a su entorno.

"Sí, fueron años de un desarrollo muy rápido y tuvo ese resultado. Pero es un sacrificio que ha tenido que afrontar todo el mundo, no es algo exclusivo de China. Ahora que disponemos de riqueza tenemos que poner más atención en el medio ambiente porque ése será el legado que le dejemos a nuestros hijos".

El dirigente de Tiens no parece especialmente preocupado por los vaticinios sobre el futuro de la economía local, que tanto traen de cabeza a muchos de los expertos mundiales. Es más, se muestra concluyente.

 "En 10 años, China será la principal economía del mundo", sentencia.